Manuelita Sáenz y mujeres Libertarias


Compartir: Fecha: 07/08/2017

Por :Leandro Felipe Nates / La historia de diversas civilizaciones y culturas no es ascendente de lo “inferior a los superior”, en el sentido de la visión de ‘progreso’ predominante en occidente. 

En el desarrollo técnico y científico puede que funcione la idea, si desde épocas primitivas partimos de inventariar todos los complejos aparatos que a lo largo de milenios han inventado a partir de la rueda, por ejemplo. 

Pero en cuanto a auge de la vida económica y cultural de las sociedades, los altibajos han sido regla, acompañando el crecimiento, auge y decadencia, como sucedió a los imperios: romano, egipcio, maya, persa, británico, soviético, etc.

Las costumbres también han variado a lo largo de los siglos, en diferentes civilizaciones y sociedades y también el papel de la mujer, que en la historia, si partimos del matriarcado, fue determinante y posteriormente, en las sociedades patriarcales, sufrió épocas de esclavitud y desconocimiento de sus derechos y otras en las que luchó contra cadenas visibles e invisibles que limitan el florecimiento de sus gran potencial creativo e integrador en medio de “machos depredadores.

 Bravos, guerreros y huevones”, como los que predominaron en la Colombia del siglo XIX, marcada por la guerra de la Independencia y las que le siguieron entre los caudillos ambiciosos de poder político y económico, tal como lo expresó el escritor Víctor Paz Otero, cuando recientemente presentó en Popayán, la reedición a cargo del editorial López, 

De su novela sobre la vida de Manuelita Sáenz, que junto a Policarpa Salavarrieta, Antonia Santos, Ana Josefa Morales Duque, las Ibáñez, las ‘ñapangas’ y ‘guaneñas’ que acompañaban a las tropas desaliñadas, florecieron en un medio donde las ideas libertarias de la Ilustración y el predominio de laxas costumbres francesas influyeron para que a su manera, se salieran de los moldes de las damas rezanderas y ‘atildadas’ de la época colonial, con su banda sonora de misas cantadas en latín y eternos rezos de rosarios entremezclados con las ‘tentaciones del demonio.

 Aflorando mojigatamente en los claroscuros de confesionarios y claustros, o en los sueños ‘místico eróticos’ que desde el subconsciente de la carne reprimida le brotaban a las damas y monjas de la época idealizando sus ansias de apasionados goces mundanos con la entrega al crucificado, mientras masoquistamente se flagelaban con la cruz, como lo expresaba en sus escritos, la tunjana sor Francisca Josefa del Castillo.