Popayán: La ciudad Esfumada

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¿De dónde sale el dinero para llenar los centros comerciales y apartamentos hasta de $1.500 millones, antes impensables en la ciudad?

Por. Felipe Solarte Nates
Es una ciudad: culta, blanca, histórica, colonial, universitaria, de poetas, filósofos, de terratenientes,  fábrica de crepúsculos, de economía informal, nido de burócratas, turística, lavadero de dineros del narcotráfico?  Qué es Popayán?

Estos y otros interrogantes, dejó flotando en la mente de quienes asistimos a su charla del viernes 1 de diciembre, en la biblioteca del banco de la República, el prolífico escritor patojo Víctor Paz Otero,  quien anunció que a partir del primer semestre de 2018, orientará un diplomado organizado por las universidades del Cauca y la Fundación Universitaria de Popayán, FUP, para estudiar y repensar la caótica ciudad del segundo milenio, aceleradamente  extendida sin planificación urbanística a partir de su cuadriculado centro histórico, a lo largo y ancho de su geografía urbana y rural, sin certeza del número de habitantes, sin fuentes de trabajo estables y sin saber para dónde va.

Con su visión de sociólogo diplomado en la universidad Nacional, “pero a mucho honor” devenido en ‘ociologo’, como se autodefine, este escritor, pintor, poeta, columnista de prensa, autor de más de 20 libros, los más renombrados y premiados nacional e internacionalmente sobre personajes como Bolívar, Santander, Obando, Manuela Sáenz, Mosquera, entre otros, en una exposición amena y fluida, como en conversación de amigos, después de 56 años de vivir entre  Bogotá y su finca Santa Elena, Medellín, Paz Otero, aportó su multifacética y poética visión acerca de la evolución de Popayán, fundada por Belalcazar, un aventurero criador de puercos en su España natal, convertido en ambicioso guerrero y conquistador, desprendido del mando de su jefe Pizarro que se quedó en el Perú, para ‘hacer su América’, en compañía de sus lugartenientes,  llenarse de oro , instaurar la costumbre de comprar títulos nobiliarios como si fueran indulgencias papales y escudos de armas para ‘blanquear’ su origen sanguinario y oscuro y atraídos por la templanza del clima y la belleza de su paisaje y atardeceres, iniciar la construcción de lo que hoy es el centro histórico siguiendo el ajedrezado diseño arquitectónico de las típicas ciudades que España fundó en el continente recién ‘descubierto’, “como si los indígenas no lo hubieran descubierto” antes de que llegaran a conquistarlos y despojarlos de sus tierras.

Fue la primera ciudad esclavista de Colombia, más que Cartagena, pues por ella llegaban los esclavos para ser vendidos a los explotadores de las minas y aluviones de oro, especialmente los ubicados en el Cauca Grande, que llegó hasta lo que hoy es parte del Choco y Antioquia. 

En Popayán se asentaron los ricos mineros y hacendados y gracias al ocio que les permitían sus esclavos y siervos, además de edificar numerosos templos y cerca de 32 conventos, pudieron dedicarse al ocio creativo y a leer y estudiar para cultivarse intelectualmente hasta formar a pensadores como Ignacio de Pombo, a quién Humboldt calificó como el intelectual más brillante que conoció en su tránsito por América, Camilo Torres, el Sabio Caldas y otros personajes formados en el Seminario de Popayán, que era como la universidad de la época,  bajo la influencia de educadores con ideas libertarias como José Felix Restrepo.

Su centro histórico no tan ricamente adornado y con edificaciones monumentales como las de Lima, La Habana, Quito, impregna el ‘alma’ de la ciudad con sus atardeceres lujuriosos de colores y sus calles desoladas y sombrías en las noches. 

Sin embargo cada día se deteriora más a pesar de ser su principal atractivo para los visitantes del país y el exterior que tienen la idea de transitar por una ciudad histórica de gran cultura y riqueza, aunque sus antiguos y ricos terratenientes ya no tienen haciendas, hoy recuperadas por los indígenas, y los que sobrevivían después del terremoto se fueron a vivir a Cali, mientras calles del centro  hoy colonizado por las oficinas y comercios, cada días están más congestionadas por la escasa peatonalización,  la contaminación y abundancia de vehículos que se apiñan en sus calles de estrechas aceras.

¿De dónde sale el dinero para llenar los centros comerciales y apartamentos hasta de $1.500 millones, antes impensables en la ciudad? 
 
No hay grandes fábricas y  a pesar de la falta de una política gubernamental por inercia se convirtió en ciudad universitaria con más de 35.000 estudiantes, la mayoría de provincia a quienes miran por encima del hombro los cada vez más escasos patojos racistas, religiosos de misas y procesiones y manifestaciones externas.

Para dónde llevamos a una ciudad que se acostumbró a vivir de un pasado glorioso de sus elites, la burocracia, de la plata guardada en los bancos y  de los subsidios, en estos tiempos de los desplazados reales y falsos, los cultivos y laboratorios de coca rodeándola?
Estos y muchos interrogantes dejó abiertos Víctor Paz entre los asistentes y que serán discutidos durante el diplomado y futuros conversatorios.